EL DIPUTADO EN LA MEMORIA (I)
Francisco Chaviano González.
Jaimanitas, 1 de febrero de 2012 /Cambio-Debate/. A finales del año 1992 fue electo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por Placetas, Villa Clara, el hasta entonces delegado de circunscripción profesor José Antonio Pérez González, miembro encubierto del Consejo Nacional por los Derechos Civiles en Cuba. Este grupo, muy activo por entonces, tenía un Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y por antonomasia, lo tenía la oposición en pleno.
Manteníamos por entonces una estrecha comunicación con el diputado Pérez González a través de su amigo y colega el profesor Pedro Herrada, delegado de las provincias centrales. A través del mismo y por iniciativa propia, nos pidió una reunión para analizar su propuesta de representar como diputado a la oposición en general, en la sesión ordinaria correspondiente a junio de 1993. Por esta razón, la hicimos extensiva a Elizardo Sánchez Santa Cruz y Vladimiro Roca Antúnez.
En un auto de la familia (confiscado un año después por esto), fuimos a recoger en compañía del profesor Herrada, al diputado Pérez González en las cercanías de la Ciudad Deportiva y nos dirigimos a la casa de Vladimiro Roca donde tendría lugar el encuentro.
Nos reunimos Vladimiro Roca por la Corriente Socialista, Elizardo Sánchez Santa Cruz por la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Pedro Herrada, el diputado José Antonio Pérez González y quien relata estos hechos por el Consejo Nacional por los Derechos Civiles de Cuba.
El diputado Pérez González comenzó su exposición planteando: “Considero que es el momento de aprovechar el Plenario de la Asamblea Nacional en este instante en que se ha derrumbado el campo socialista, para plantear la infuncionalidad del sistema, más aguda en nuestro país y por tanto la necesidad de realizar un cambio rotundo.”
Se hizo el silencio, todos quedamos conmovidos ante gesto tan valiente. Vladimiro intervino señalando: “Decirle eso a boca de jarro en la cara de Fidel Castro, podría tener consecuencias muy graves para ti.” A lo que el diputado ripostó: “Yo sé que la fiera es peligrosa, pero estoy dispuesto a correr el riesgo que sea necesario.”
Entonces intervino Elizardo Sánchez: “Si se hace eso lo único que se logrará es el show, corremos el peligro de perderte y estaríamos en la Asamblea una sola vez. Yo creo que lo importante sería convencer a los demás diputados y lograr en la Asamblea Nacional un grupo que pueda respaldar una determinada propuesta.” La idea parecía razonable y los demás estuvimos de acuerdo, pero Pérez González enfatizó que en la Asamblea Nacional no había que convencer a nadie, porque todos sabían que el sistema socialista no funcionaba y era necesario cambiarlo; pero esas personas padecían de un miedo tal, que le delatarían de inmediato.
Con el paso de los años y todo el tiempo disponible que he tenido para meditar tras 13 años de prisión, he analizado con profundidad estos hechos y no sé lo que hubiera ocurrido si aquel diputado llega a levantar la palabra Cambio en medio del plenario. Hasta ahora ningún otro diputado lo ha intentando. Aunque a más de uno debe haberle rondado en la cabeza esta idea.
Sánchez insistió: “Definitivamente eso no procede. En nombre de la oposición no podemos aprobar algo que ponga en peligro la vida de una persona, que por demás es muy importante para nosotros.” Todos aceptamos, pero el diputado consintió a regañadientes.
Menos de un año después aquel diputado y yo estábamos detenidos, como vaticinó Pérez González que sucedería si intentaba acercarse a otros miembros de la Asamblea Nacional. Perdimos así la posibilidad de que tuviera lugar un hecho trascendente, que en aquel momento podía incluso hasta dar al traste con el gobierno de los Castro. Nosotros mismos neutralizamos esa posibilidad. Hoy no tengo más que reconocerlo y lamentarlo.
lunes, 9 de abril de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario